La lamprea es un pez muy poco conocido, pero conecta la alta gastronomía con la prehistoria y la mitología. Su forma recuerda a una anguila, aunque no es de la misma familia, y su cabeza es muy poco atractiva. Se pesca en los ríos gallegos, sobre todo en el Miño, pero en una temporada muy concreta y sólo durante unas semanas al año, entre finales de enero y principios de mayo. Estamos por tanto en la época de la lamprea, un buen momento para recorrer su territorio.
Parece que su origen se remonta a hace más de 500 millones de años, es uno de los primeros vertebrados de los que hay constancia, lo que supone que, sin demasiadas evoluciones, sobrevivió a los dinosaurios para alimentar a los humanos. Como los salmones, nace en los ríos de agua dulce y luego viaja hasta el mar donde tres años después, más o menos, regresa recorriendo cientos e incluso miles de km hasta el río donde nació para desovar. Ahí es cuando la pescan los gallegos, aunque quienes empezaron a hacerlo fueron los romanos, quienes se llevaban las lampreas en tinajas hasta Roma donde la mantenían vivas en piscinas hasta que llegaba la hora de cocinarlas.
Las primeras pesqueiras del Miño
La leyenda cuenta que este pez milenario pudo ser uno de los ingredientes del garum, la salsa con base de pescado que adoraban los romanos y cuya verdadera receta aun es un secreto. Lo que sí está confirmado es que fueron ellos quienes montaron las primeras pesqueiras del Miño, que hoy siguen utilizando los gallegos y los portugueses en la orilla de enfrente.

El Peugeot 3008 en la ruta de la empresa
La exclusividad de este pescado viene marcada por el escaso tiempo en el que se puede capturar y los pocos ríos que frecuenta, principalmente el Miño en su tramo final, en la zona de la provincia de Pontevedra. Donde tiene un mayor protagonismo es en el tramo del río entre las localidades de Crecente y Tui con tres puntos intermedios fundamentales, Arbo, la capital de la Lamprea; As Neves, lugar de leyendas y romerías; Salvaterra de Miño, localidad amurallada frente a la portuguesa de Monçao y con unas sofisticadas termas naturales al aire libre, y Tui donde la catedral es una fortaleza.
Esta ruta tiene mucho de naturaleza sorprendente, pero también de viaje al pasado mitológico. Discurre por la PO-400, una carretera que va en paralelo al río Miño, entre Galicia y Portugal, y donde a raia (la frontera) huele a tierra de contrabando. De wolframio durante la II Guerra Mundial, de penicilina, café y tabaco en la postguerra e incluso de reses en los años 80 del siglo XX, cuando a pocos km ya se agitaba la ‘movida de Vigo’. La estrechez en algunos lugares lo hace muy verosímil. Ahora el río está cruzado por puentes en todas las localidades que pasamos, así que se puede cambiar de país cada pocos kilómetros, sin problema y a veces sin cruzarte con nadie.
A bordo del Peugeot 3008 GT híbrido
Para hacer esta ruta es escogido el nuevo Peugeot 3008 GT hibrido, tecnología innovadora de 48V para conseguir un bajo consumo y emisiones. Este sistema tiene lo mejor de los dos mundos y sin cables. Utiliza un motor de gasolina de 1,2 litros y 136 caballos que se combina con otro eléctrico que es el que pone en marcha el coche y con el apoyo de la batería puede circular durante una distancia corta, alrededor de un km, y siempre que se circule a baja velocidad en modo exclusivamente eléctrico. Por ejemplo, en la maniobra de aparcamiento o cuando estamos atravesando un pueblo. también ayuda al motor de combustión cuando se exige más potencia. Haciendo una conducción normal, conseguí un excelente consumo medio de 6,5 litros a los 100 Km. Algo difícil de lograr si no es con un diésel. La familia del nuevo Peugeot 3008 cuenta también con versiones híbrida enchufable y 100% eléctrica.

En busca de la lamprea con el Peugeot 3008
La tercera generación de este SUV, que aspira a ser un fastback por la inclinación de la luneta trasera, supone un cambio radical con respecto a su antecesor por su retocado diseño y por la sensación de calidad que transmite. Su silueta exterior puede no levantar pasiones, el mercado está muy lleno de este tipo de SUVs pero tiene una clara personalidad marcada por el poderoso y llamativo frontal. Los 4,54 metros de largo y 1,64 de alto le dan un gran espacio interior además de un generoso maletero (520 litros, sin plegar los asientos traseros, un gran volumen en un coche de esas dimensiones. Su comportamiento es ágil y se mostró siempre muy maniobrable en los recorridos que hice al borde del río Miño, muchas veces por estrechas y sinuosas carreteras locales.
Si el aspecto exterior le plantea a alguien dudas, estas se disuelven en el renovado interior. Ese elegante, transmite sensación de calidad y muy cómodo en los viajes largos, como fue llegar hasta Galicia desde Madrid. Los asientos del conductor y pasajeros son acogedores, cómodos y recogen bien. El puesto de conducción me resultó muy fácil de ajustar, con una perfecta visibilidad y me gustó el volante, pequeño, achatado en la parte superior e inferior lo que ayudó en este viaje que tenía que entrar y salir muchas veces. Pero lo que más me gustó fue la nueva pantalla panorámica curva, situada sobre el salpicadero que integra dos pantallas de 10 pulgadas una para el cuadro de instrumentos y otra para todos los temas multimedia (navegación, teléfono…). Esta nueva alternativa evita los problemas de visibilidad del anterior cockpit que quedaba tapado con el aro del volante.

Restos de las antiguas pesqueiras
A favor de los mandos con botones
La consola central, donde se ubican algunos mandos como el volumen, el freno de mano eléctrico (aunque se activa sólo) o el cargador inalámbrico, es envolvente y separa al conductor del pasajero. Me gustaron muchos los mandos con botones, fáciles de usar, a mano y con una posición ergonómica. La palanca del cambio está en el salpicadero a la derecha el volante y al lado del botón de arranque. Todo está al alcance de la mano. Todo ello en un habitáculo en el que hay que aplaudir el trabajo realizado en la insonorización tanto del ruido del motor como de la rumorosidad cuando se circula en autovía un poco más rápido.
Aunque la ruta de la lamprea puede ser más larga, el tramo entre Crecente y Tui es el más bonito desde mi punto de vista y el mejor para conocer la esencia de este pez milenario. En total son unos 50 km que se pueden hacer en poco más de una hora, en un día entero o en varios. Mi recomendación es prolongar el tiempo y desviarse hacia el río y la montaña. A Crecente se llega fácilmente desde la autovía A-52, la que une Ourense y Vigo. Yo me desvié a la altura de A Cañiza donde es muy recomendable probar el bocadillo de jamón local.
Para conseguir una perspectiva del río y sus pesqueiras es recomendable hacer un alto en el mirador del alto de Guillade desde donde hay una espectacular vista, siempre que el tiempo lo permita del sinuoso Mino los pilares de piedras desde donde se pescan las lamprea.
Playa fluvial y pesqueiras
A lo largo de toda la ruta es posible hacer tramos de senderismo (están perfectamente señalizados), al borde del río en algunos tramos que nos permiten ver molinos, cruceiros, capillas, pazos y torres. En algunos tramos se confunde con el antiguo Camino Real a Tui.
Arbo, el siguiente punto de este recorrido es la capital de la lamprea. Un pueblo pequeño, muy cuidado que se mueve entre el río y las bodegas. Es donde las pesqueiras son más espectaculares y cercanas se ven desde la playa fluvial y en verano puedes nadar entre ellas. Aquí se celebra la fiesta de la lamprea, este año entre el 25 y el 27 de abril y en agosto la Exaltación de la Lamprea Seca, la única forma de comerla cuando no está en temporada. Aunque en toda la ruta hay restaurante que ofrecen en su menú este manjar en Arbo es donde hay más restaurantes que la ofrecen.
Comer una lamprea fresca, en las pocas semanas que se puede hacer, es una delicia para un grupo selecto de gastrónomos y un terror para algunos. Aunque las recetas para cocinarla suelen ser un secreto, lo habitual es hacerla a la bordelesa, con lo que su aspecto es el de una anguila en tinta de calamar, con arroz blanco y pan frito. Se cocina con su propia sangre, lo que es muy significativo porque la lamprea se alimenta de la sangre de otros peces para lo que tiene una boca en forma de ventosa que incluso le permite agarrase a las rocas. Su sabor es fuerte, sofisticado y diferente, Pero digerirla exige un buen estómago y algunas horas.
Una romería muy singular
Desde Arbo a la altura de As Neves, recomiendo desviarse unos kilómetros hacia la montaña para conocer el lugar donde se celebra una de las romerías más peculiares de Galicia, en el santuario de Santa Marta de Ribarteme donde el 29 de julio procesionan féretros, con vivos dentro. Se trata de una tradición que se remonta a la Edad Media no siempre bien vista pero que despierta, obviamente, mucho interés. La carretera, la típica gallega entre montañas sirve para confirmar la estabilidad del Peugeot 3008 en curvas. Se portó muy bien confirmando además lo fácil que es entrar y salir, con una altura libre al suelo de 19,8 cm, lo que le permite también moverse con mucha soltura por algunos caminos (corredoiras) con mal firme e incluso por caminos sin asfaltar.
El siguiente punto Salvaterra de Miño es ya una localidad más grande que se mira en la casi gemela portuguesa de Monçao, al otro lado del Miño. Salvaterra tiene castillo, paseos al lado del río y unas termas al aire libre envidiables, agua caliente y con propiedades terapéuticas. La última etapa nos lleva a la también fronterita Tui, donde la catedral, más antigua que la de Santiago era una fortaleza en la Edad Media. Qui también se pesca y come lamprea estos meses.