Me la has puesto botando, Luca, cuando en tu presentación de resultados hace unas semanas, decías: "Tenemos unos resultados récord para el grupo Renault y creo que podemos decir que hemos encontrado una especie de poción mágica, un poco como Astérix y Obélix". Convirtamos esta historia en un cómic de Goscinny y Uderzo.
Siéntanse parte de ese comic que habrán disfrutado de jóvenes o de no tan jóvenes. Estamos en el año 2025 después de Jesucristo. Todo el mercado del automóvil europeo parecía dominado por gigantes imbatibles, conglomerados todopoderosos que imponían su ley con reducciones de costes y sinergias desmesuradas. ¿Todo el mercado? ¡No! Un líder indomable resiste, todavía y como siempre, con su propia "poción mágica": el talento, la estrategia y una pasión inquebrantable por el automóvil. Y la vida no es fácil para los cuarteles generales de los otros “romanos” de la automoción, que miran con recelo cómo Renault, bajo el liderazgo de Luca de Meo, ha conseguido desafiar las reglas del juego.

Luca de Meo, CEO del Grupo Renault
El Astérix del automóvil: Luca de Meo
En un mundo donde estos imperialistas romanos de la industria automovilística buscan imponer su dominio con estructuras centralizadas y estrategias basadas en la reducción de costes, emerge un pequeño pero astuto guerrero que desafía la norma: Luca de Meo. Como Astérix en su aldea gala, este milanés, que no romano, nacido en 1967 no se conforma con seguir las reglas establecidas por los grandes imperios del automóvil. En su lugar, ha preferido confiar en su instinto, en su conocimiento del mercado, en su experiencia, en su paso por los mejores grupos automovilísticos y, sobre todo, en una receta que ha demostrado ser infalible: el poder del producto, la diferenciación y la conexión con el cliente.
Su "poción mágica" ha permitido que Renault registre los mejores resultados financieros de sus 126 años de historia: un margen operativo del 7,6% y 4.300 millones de euros de beneficio en 2024. "Esto no sucede por accidente", ha dicho De Meo. Como un druida moderno, ha sabido encontrar la fórmula exacta para revitalizar Renault con un portafolio de productos irresistible: efectos wow como el regreso electrificado del ya hiperpremiado Renault 5 -cómo maneja el retrodiseño, como ya hizo con el 500-, aunque a mí me diga más como producto el nuevo R4, pero sobre todo gracias a una apuesta firme por el segmento C para generar mejores márgenes en base a las tecnologías que realmente el público demanda y, suerte para nosotros, fabricadas en buena parte en nuestro país.

Luca de Meo, junto al Renault Mégane eVision / RENAULT
Un guerrero con mil batallas
Antes de asumir el liderazgo de Renault en 2020, De Meo ya había recorrido numerosas aldeas galas del automóvil, aprendiendo de cada una de ellas. Comenzó en Renault Italia en los años 90, pero pronto cruzó su particular Rubicón para unirse a Toyota Europa, donde perfeccionó su técnica y afinó su olfato comercial. En 2002, regresó a su Italia natal para liderar el marketing de Lancia y, poco después, ascendió al Consejo de Dirección de Fiat, donde dejó su impronta en Alfa Romeo y en la resurrección de Abarth y del 500.
En una de las numerosas entrevistas que hemos compartido me contaba cuándo, en vez de Obélix, fue él quien se cayó en la marmita de la poción mágica de Panorámix: "Mi padre trabajaba para Lancia y le tocó pilotar los negocios de la marca en África Central a principios de los 70. Vivíamos en Costa de Marfil y entonces la infraestructura hotelera allí era escasa. Era el Rallye Costa de Marfil y el equipo se alojaba en casa. Entonces, un día, Arnaldo Cavallari, uno de los pilotos del equipo junto a Sandro Munari, me dijo que si quería dar una vuelta en el Fulvia HF de rallyes. Yo tenía seis años y cuando bajé del coche decidí que yo me tenía que dedicar al mundo del automóvil como fuese… Pero lo curioso es que, un montón de años después, cuando ya estaba dirigiendo Lancia, me llegó para supervisar una factura atípica de luz de un sótano que creía teníamos abandonado. Pregunté y ahí había una colección de coches históricos de Lancia inimaginable. ¿Y sabes qué coche estaba? Sí, mi Fulvia de rallyes”.
Dejemos las batallitas.... En 2009, De Meo dio el salto a las legiones germánicas de Volkswagen -todavía recuerdo cuando me dijo que él había aprendido alemán en los aviones-, primero como director de marketing de la marca VW y luego del grupo. Su llegada a Audi en 2012 fue un punto de inflexión: tomó el mando de ventas y marketing, impulsó la marca a niveles históricos y la preparó para desafiar a BMW y Mercedes en la lucha por el trono del segmento Premium. Pero como Astérix, De Meo quería desmarcarse del ejército de César: quería construir su propia revolución.
Por eso, en 2015 aceptó el desafío de liderar Seat -nada tuvo que ver el Dieselgate, me decía-, una marca que, como una pequeña aldea gala, resistía en un entorno hostil. Con una estrategia basada en el diseño, la juventud y la creación de Cupra como marca independiente -Ferdinand Piëch coqueteó y quiso Alfa Romeo pero no la conquistó-, consiguió que el fabricante español pasara de ser un actor secundario a un guerrero respetado en el mercado. De Meo demostró que no hace falta ser el más grande para triunfar, sino el más inteligente. Dejo aquí otra anécdota de ese momento Seat contada por él mismo: "Mi primer coche fue un Marbella que me costó 5.000 liras. Necesitaba un coche económico y era azul clarito con la tapicería en beige".
La aldea Renault: resistencia y renacimiento
Pero el guerrero quería más y la Tribu de Seat/Cupra se le quedaba pequeña profesionalmente y era difícil aspirar a más sin ser germano/godo. Ahora, al frente de Renault, De Meo se encuentra ante su batalla más importante. Mientras Stellantis (vamos a denominarlo el Imperio Romano de la industria, con sus centuriones disciplinados y su estrategia de fusiones) y Volkswagen (el todopoderoso César, con legiones de marcas bajo su manto) dominaban el panorama, Renault ha resistido como la irreductible aldea gala ganando a los “romanos” batallas pequeñas, medianas y grandes.
Pero De Meo no solo quiere resistir: quiere conquistar y eso es lo que está haciendo, avanzando en el mercado no pocos países. Con el plan "Futurama" -antes “Renaulution”-, está trazando la estrategia para que Renault no dependa solo de una poción mágica temporal, sino que construya un futuro sostenible basado en tecnología, electrificación y software. "Nuestro objetivo es garantizar no solo un ciclo de éxito, sino dos. Si lo conseguimos, Renault tendrá una base sólida para el futuro", afirma. Y si le sale bien la jugada, llegará al final del plan Futurama, justo en el momento perfecto para retirarse y disfrutar de lo vivido y ganado: esa Champions que tanto le gusta mencionar.
Hasta ese momento, Luca de Meo sigue escribiendo su historia como el Astérix del automóvil: un líder que, con su "poción mágica", desafía a los imperios y emperadores con astucia, pasión y una visión clara. Mientras otros dependen de la fuerza bruta y las economías de escala, él apuesta por la innovación, el carácter y la magia de los productos bien hechos. Aunque eso sí, con una advertencia que me dijo alguien en su momento: “Hay que estar lo suficientemente cerca de Luca para que te dé calor pero lo suficientemente lejos para que no te arranque el corazón".
Terminamos y, como en las historias de la aldea gala, podemos estar seguros de una cosa: por mucho que los "romanos" intenten doblegar a Renault, siempre habrá un Astérix dispuesto a liderar la resistencia. Y la historia, de momento, termina como en cualquiera de los cómics de Goscinny y Uderzo: con un banquete con jabalí asado en la aldea gala, en este caso Boulogne-Billancourt.